Columna de Nutrición: hipertensión ¿por qué dejar el salero no alcanza?
En una nueva columna de nutrición, la licenciada Luisina Abrate (MP 44460/8) pone el foco en uno de los errores más comunes al abordar la hipertensión: creer que eliminar la sal de mesa es suficiente para controlar la presión arterial.
Miércoles 18 de marzo 2026 | 14:05 Hs.
Si bien reducir el uso del salero es una recomendación habitual, la especialista advierte que hoy no es la principal fuente de sodio en la alimentación diaria. La mayor parte del consumo proviene de productos ultraprocesados, presentes de forma cotidiana en la dieta.
Abrate explica que el sodio tiene un impacto directo en el organismo. Por un lado, favorece la retención de líquidos, lo que incrementa el volumen de sangre en circulación. Este aumento genera mayor presión dentro de las arterias. Además, el sodio contribuye a que los vasos sanguíneos se contraigan, reduciendo su diámetro y elevando aún más la presión arterial.
En cuanto a las cantidades recomendadas, señala que el consumo diario no debería superar los 2 gramos de sodio, equivalentes a una cucharadita de sal. Sin embargo, en Argentina el promedio es ampliamente superior: se estima que oscila entre 12 y 15 gramos diarios, es decir, alrededor de seis cucharaditas.
Esta diferencia no se explica por el uso directo de sal en las comidas. De hecho, cerca del 70% del sodio que se ingiere proviene de alimentos ultraprocesados. En muchos casos, incluso productos de sabor dulce pueden contener niveles elevados, ya que el sodio también se utiliza como conservante.
A partir de su experiencia profesional, Abrate remarca que es frecuente encontrar pacientes con hipertensión que, a pesar de haber eliminado la sal visible, no logran mejorar sus valores. Al analizar sus hábitos alimentarios, suele detectarse una alta presencia de productos industrializados.
Frente a este escenario, la especialista plantea que la clave no está solo en “sacar la sal”, sino en modificar la base de la alimentación y priorizar la calidad de los alimentos.
Entre las principales recomendaciones, destaca la importancia de cocinar más en casa, reducir el consumo de ultraprocesados y basar la dieta en alimentos naturales. También sugiere leer las etiquetas nutricionales, elegir versiones bajas en sodio y controlar la cantidad de sal agregada, evitando hacerlo directamente desde el salero.
Además, propone incorporar condimentos y especias para realzar el sabor de las comidas, probar los alimentos antes de salar y disminuir el consumo de embutidos y aderezos, que suelen tener un alto contenido de sodio.
Abrate explica que el sodio tiene un impacto directo en el organismo. Por un lado, favorece la retención de líquidos, lo que incrementa el volumen de sangre en circulación. Este aumento genera mayor presión dentro de las arterias. Además, el sodio contribuye a que los vasos sanguíneos se contraigan, reduciendo su diámetro y elevando aún más la presión arterial.
En cuanto a las cantidades recomendadas, señala que el consumo diario no debería superar los 2 gramos de sodio, equivalentes a una cucharadita de sal. Sin embargo, en Argentina el promedio es ampliamente superior: se estima que oscila entre 12 y 15 gramos diarios, es decir, alrededor de seis cucharaditas.
Esta diferencia no se explica por el uso directo de sal en las comidas. De hecho, cerca del 70% del sodio que se ingiere proviene de alimentos ultraprocesados. En muchos casos, incluso productos de sabor dulce pueden contener niveles elevados, ya que el sodio también se utiliza como conservante.
A partir de su experiencia profesional, Abrate remarca que es frecuente encontrar pacientes con hipertensión que, a pesar de haber eliminado la sal visible, no logran mejorar sus valores. Al analizar sus hábitos alimentarios, suele detectarse una alta presencia de productos industrializados.
Frente a este escenario, la especialista plantea que la clave no está solo en “sacar la sal”, sino en modificar la base de la alimentación y priorizar la calidad de los alimentos.
Entre las principales recomendaciones, destaca la importancia de cocinar más en casa, reducir el consumo de ultraprocesados y basar la dieta en alimentos naturales. También sugiere leer las etiquetas nutricionales, elegir versiones bajas en sodio y controlar la cantidad de sal agregada, evitando hacerlo directamente desde el salero.
Además, propone incorporar condimentos y especias para realzar el sabor de las comidas, probar los alimentos antes de salar y disminuir el consumo de embutidos y aderezos, que suelen tener un alto contenido de sodio.
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